martes, 19 de julio de 2011

Los argentinos no sabemos perder... Y claro: tenemos cada maestro...


Hemos leído, hemos visto, hemos escuchado... Se han descargado contra todo y contra todos: técnico, jugadores, dirigentes.... Pidieron por la cabeza de más de uno... Por ahí, al pasar un par de días, algunos se animaron a suavizar algunas de las críticas. Por mi cabeza no deja de pasar una expresión que dejó Fernando Signorini en su visita a Deportea hace algunas semanas: "Caza de brujas". ¿Dónde se detendrá la avalancha?
Intentando ordenar un poco lo que fue el desarrollo de esta Copa y el tratamiento que la prensa ha hecho del tema, y particularmente de la selección, sería bueno, antes de agarrar la ametralladora periodística y disparar contra cuanto soldado celeste y blanco se le ponga por delante, que se tengan al menos ciertos argumentos para sostener la crítica.
Alcanza levantar un poco la vista y analizar lo que ha sido esta copa, para darse cuenta de que los planteos defensivos y el ordenamiento táctico le ganaron a los equipos con mayor ambición ofensiva. Y digo "le ganaron" porque así lo indica el resultado numérico. Argentina no fue menos que Uruguay. Brasil no fue menos que Paraguay. Y lo mismo Chile y Colombia. ¿Qué hubiera dicho la prensa si el penal errado por Tévez lo erraba Forlán? ¿Qué tienen que hacer los directivos de estas selecciones eliminadas con sus entrenadores? ¿Hay que despedir a Mano Menézes, a Claudio Borghi y a Hernán "Bolillo" Gómez, como piden por Batista en estas tierras?
Es extraño lo que ocurre en este país, pues parece ser el único de Sudamérica donde nunca nos hemos puesto de acuerdo en cuál es nuestra escencia ni nuestro estilo de juego. No ocurre lo mismo con nuestros hermanos charrúas, quienes han sufrido tempraneras eliminaciones con jugadores de la talla de Francéscoli, Ruben Paz, Antonio Alzamendi y Ruben Sosa. Hoy, con un equipo mucho más rústico técnicamente, llegan a su segunda semifinal consecutiva en un torneo grande de selecciones. Ellos son felices con sus resultados, aunque el juego jamás los haya respaldado. Aunque varias veces estuvieran por irse a casa, ya sea en esta copa como en el último mundiaL
Pero volvamos a nuestra selección. Lo más grave es que seguimos suponiendo que tenemos material para salir campeones. Entonces, cuando esto no pasa, es que el técnico es un incapaz, o que los jugadores no son profesionales. Es gracioso: primero los llevamos a la cima ("son los mejores") y después los destrozamos ("como los mejores no ganaron, es que no pusieron todo lo que había que poner"). Lo que muchos no saben, o no se acuerdan, es que el periodismo ha hecho esto con los equipos que llegaron a ganar algo alguna vez. Basta revisar el archivo para ver el tratamiento que se hacía en la previa del Mundial '86, por caso. La pregunta, en todo caso, sería: ¿Qué clase de tradición ganadora intentamos rescatar? ¿La de las selecciones de Bilardo y Menotti? ¿Tanta emoción causa el recuerdo de "Goyco" salvando penales para depositarnos en la final más inmerecida de la historia? ¿Y cuántas veces, durante el Mundial '78, pudimos quedar en el camino?
Se dice que el equipo juega mal, que la defensa no funciona, que a Messi no lo rodean bien. Es cierto. Pero ¿Importa acaso que el equipo juegue bien? ¿Importó, en el ciclo de Bielsa, ser el mejor equipo del mundo y, luego, quedar afuera de Corea-Japón en primera ronda? Terminemos con la mentira del periodismo: lo único que importa es el resultado final. Y los grandes torneos son así. Como esta mediocre Copa América, donde todo se define por casualidad o en los penales. Donde cualquiera clasifica o se queda afuera. Donde el camino más fácil para llegar al éxito es rodear al arquero con diez tipos que te muerden y te pegan, a veces al límite del reglamento. Así nos ha tocado llegar lejos y ganar en algunas ocasiones, e irnos muy pronto en otras, incluso cuando merecíamos más. ¿Se puede medir con la vara del fracaso o el éxito un ciclo que se define en una tanda de penales, como en el 2006? ¿Es válido tratar a un entrenador de incapaz y mediocre, y a un jugador de "poco profesional" (para ser suaves), como se ha hecho en cada frustración argentina de los últimos años?
El espectador, pasivo e inocente, no sabe. No lee. No estudia. No entiende. Es presa fácil de los discursos enroscados y venenosos que les envían del otro lado de la cámara o del papel. Se hace eco. Repite. "Argentina no puede perder". "Argentina no puede jugar así". Claro, no puede ser. No entra en la cabeza de nadie que haya un equipo mejor que el nuestro. O que los caprichos del juego hagan que la pelota no entre. Tiene que haber una mano negra: o nos roban, o el técnico no sabe, o los jugadores no ponen...
Quedarán muchísimas dudas futolísticas y mil cosas para corregir. Fuera del verde césped, cada vez hay más certezas. La Copa ha sido una nueva y gigantesca derrota para el fútbol argentino. Pero esa derrota no se decidió en los penales. Al contrario, empezó justamente en ese instante.



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